El museo Gabriel Cara, la herencia a una ciudad

*Entrevista publicada en la revista Hilando Fino

Licenciado en Historia a los 72 años, Gabriel Cara González, lleva más de una década dedicado a la historia de Roquetas de Mar, su ciudad natal.

Con 83 años recién cumplidos, nos abre las puertas de su museo y su memoria. Tiene tanto que contar que a veces se atropella al hablar y hace paréntesis permanentemente para enmarcar una idea, una anécdota, un pensamiento espontáneo.

Gabriel Cara (izquierda) en su museo.

Gabriel Cara (izquierda) en su museo. © Hilando Fino.

Antes de descubrir su vocación fue un niño de la posguerra que tuvo que sobrevivir como pudo. A lo largo de su vida ha sido tendero, panadero, pescador y distribuidor de butano. A los 65 años, ya jubilado, se convierte en estudiante de Historia Moderna de la Universidad de Almería donde también sigue algunos cursos de arqueología. Cinco años más tarde obtiene el título.

Desde entonces ha dedicado su tiempo y su energía al estudio. Ha recorrido archivos de toda España afanado en reconstruir el pasado de esta ciudad costera del poniente almeriense y buscando las huellas de algún roquetero que recorriera mundo.

Todo cabe en el museo etnográfico e histórico que lleva su nombre, un proyecto personal que se ha convertido en lugar de referencia para los curiosos de la historia local, y para los que indaguen sus propias raíces.

Museo Gabriel Cara, Roquetas de Mar, Almería.

Museo Gabriel Cara, Roquetas de Mar, Almería. © Hilando Fino.

Curioso sin remedio, lamenta su pérdida de visión. Sus ojos están cansados; ya no puede leer como hace unos años cuando devoraba hechos históricos y datos siempre relacionados con Roquetas de Mar.

Cara es un historiador comprometido. Durante nuestra conversación y a través de anécdotas denuncia los excesos urbanísticos que han enterrado parte del patrimonio cultural y la falta de apoyo a la investigación histórica.

Le agradecemos una guía tan personal por su museo, un capital propio que heredará su ciudad.

Usted pone en marcha el Museo Etnográfico e Histórico de Roquetas de Mar, ¿cómo nace este proyecto?

Mi hermano mayor tenía un mini museo del campo y del mar. Cuando él muere, sus hijos no pueden hacerse cargo y yo decido seguir esa prolongación, pero introduciendo la arqueología, la etnología y las costumbres populares.

Vi que daba resultado, vi ilusión y empecé a reproducir en maquetas edificios tanto militares como religiosos del pueblo. Y me he ido engolosinando, que se dice, y ahora la gente me trae cacharricos, yo los limpio y lo guardo.

Dada la importancia de la agricultura para Roquetas, también he hecho una demostración de cómo se pasó de la arena a los hidropónicos, los invernaderos, los abrigos de caña, en fin, la evolución de la agricultura.

¿Las maquetas están trabajadas por usted?

Sí, todo.

¿Qué podemos encontrar en el museo?

Es innombrable, pero de lo que más orgulloso estoy es de la maqueta de mi pueblo de 1940, casa por casa, calle por calle. Todo está documentado, incluso las profesiones de los vecinos.

En 1940 Roquetas tenía tres barrios: de arriba, de abajo y el puerto. Teníamos 3 500 habitantes, hoy tenemos de censo 97 000 y en el mes de julio y agosto tenemos 160 000. Es el municipio más pequeño de la provincia de Almería. Tenemos 59 km2 con 14 km de playa, 12 que son de arena y 2 de piedra. La temperatura media es de 18 y 20 grados. El azote más importante que tiene el turismo es el viento, y menos mal, porque si no ya nos habríamos asfixiado con los invernaderos.

Lo más importante y algo que me encanta es el archivo. Tengo todos los nacidos de mi pueblo de hace 350 años y los árboles genealógicos de todos los apellidos. También tengo todos los marineros de los últimos 300 años, dónde iban, América, Cuba, la batalla del Callao, Filipinas… en total, tenemos unas 20 000 fichas.

Estoy muy contento porque aparte del legado que voy a dejar visible en el museo, pues además el archivo de fotografías, planos y todo lo concerniente a la historia de Roquetas.

Su museo cuenta con el respaldo de la Asociación Cultural Amigos del Museo Gabriel Cara. ¿Recibe algún tipo de ayuda?

Cero; la de mi familia, mis hijos, que son licenciados, uno en historia y otros son profesores, y me ayudan mucho, y algunos amigos que me apoyan en presencia.

El único que podría contribuir es el Ayuntamiento, que un día esto será para ellos ya que prometí llevarme el museo al Castillo de Roquetas.

¿Y no le ayuda?

He recorrido todos los archivos de España, pocos me habrán quedado, y me han tratado con respecto como se trata a una persona normal. Pero, yo al Ayuntamiento de mi pueblo no puedo entrar. ¿Por qué? por los colores. Porque como yo no soy de su color, ni de ninguno. Yo soy amigo de mis amigos, que son de todos los colores. Yo soy historiador y yo no miro lo que fue fulano ni lo que fue mengano. Pero la cultura política de ahora es así.

Mira, por ejemplo, he encontrado a un señor que llegó hace 40 años que sirvió en el bando republicano, un tío con 5 medallas por su actuación en la Guerra Civil. A mí no me importa la bandera que defendió. A mí me interesa la persona y su familia. Pues me han negado el censo. Entonces escribo a Cultura en Almería, y comprueban en el archivo histórico provincial que los documentos están en Roquetas, y mandan un escrito ordenando que me permitan acceder al archivo. Resulta que me preparan las 20 fotocopias que me costaron 60 céntimos de euro cada una….

De los archivos españoles que ha visitado, ¿cuál es el que más le ha impresionado?

El de Indias de Sevilla, pero ahí no encontré lo que buscaba porque mi objetivo siempre es Roquetas. Yo buscaba algo sobre la Batalla de Trafalgar.

Usted tiene especial interés en reconstruir el árbol genealógico de las familias roqueteras, ¿por qué?

Porque es muy bonito. Hay gente que no sabe cómo se llaman sus abuelos, y es importante para saber quiénes somos.

Ahora hay mucha gente interesada en conocer sus raíces. Yo tengo en el museo todos los apellidos, y aquí viene todos los días gente buscando sus raíces, de Francia, Inglaterra, Argentina…y para mi es una satisfacción personal que vengan aquí para saber de sus abuelos.

Después de una vida tan agitada poder hacer algo por lo demás es muy satisfactorio. Teníamos que ser todos más humanos y ayudarnos más.

Durante su investigación, ¿ha descubierto algo interesante?

Pues, por ejemplo, Wall Disney era de Mojácar y el tatarabuelo de Lady Di fue bautizado en la iglesia de Roquetas. Dos roqueteros combatieron en la batalla del Callao (Perú, 1866); su almirante era Méndez Núñez. Hemos tenido grandes celebridades de la medicina, la cultura y la religión.

¿cómo ha podido reconstruir el árbol genealógico de todos los apellidos de los nacidos en Roquetas?

Porque tengo todos los censos desde 1573 donde vienen los padres con los hijos.

Desde el museo también llevan a cabo un trabajo de investigación arqueológica. ¿Qué nos puede decir del yacimiento de la Ribera de Turaniana?

Creemos que fue fundado en el 200 D.C. Turaniana tenía una fábrica de salazones y un portezuelo. Creemos que los romanos lo abandonaron por un incendio porque hemos encontrado un palmo de ceniza en todas las catas que hemos hecho. Pero luego lo tomaron los árabes porque hay un cementerio lleno de tumbas de árabes.

Creemos que la importancia de Turaniana se debió a lo cerca que estaba de la calzada romana. No tenemos documentación, pero fíjate como son las cosas, hay un señor aquí de unos 90 años que habla de la piedra de los higos. Y cuenta que a principios del S. XX paraban por su casa unos municipales que hablaban de una piedra con números romanos que pesaría más de 100 kilos. Parece que, con esto de los invernaderos, ha quedado enterrada y no ha sido posible encontrarla.

Es un ejemplo, quizás, de destrucción del patrimonio histórico…

El otro día, cuando recibía de los Amigos de la Alcazaba un premio en Almería, dije estar muy disgustado porque hemos perdido más patrimonio en estos quince años del ladrillo que en los 2 000 años anteriores.

¿Por qué es tan desconocido este yacimiento arqueológico, incluso para los mismos almerienses?

Por la falta de apoyo municipal.

Mire, una vez fui a Cultura a Almería para pedir que se reconstruyera la Torre de Cerrillos y no la tenían ni en los archivos.

A pesar de ser considerado Bien de Interés Cultural, ¿hay un sector de la administración que niegue la existencia de Turaniana?

Si no lo niegan, no lo amparan. No se puede negar porque hay una cantidad de monedas y mi libro, el de mi hijo y el de Antonio Cara lo documentan.

Sí, es verdad que negaban que Turaniana estuviera ahí [Ribera de la Algaida]. Pensaban que podría estar ubicada en otro sitio, por detrás de la sierra, pero cuando hacen la carretera de Aguadulce a Adra encuentran una lápida que dice ‘de Murgi a Turaniana 5 leguas’. La compró un gallego que se la llevó y la tiene en la puerta de su casa. El Ejido está tratando de recuperarla.

Si actualmente es propiedad privada, será difícil conseguirla…

Claro.

¿Se ha tratado de llegar a algún acuerdo con el particular para recuperarla?

No lo sé.

¿Qué nos puede decir de la historia de Roquetas de Mar?

En mi libro ‘Roquetas de Mar, 400 años de historia’ relato cómo se funda la ciudad. Lo importante de Roquetas fue el portezuelo abrigo de los vientos, un accidente geográfico que forma la punta de la herradura de la bahía de Almería.

Cuando el comercio internacional se hacía por mar, los navegantes que venían de levante a poniente, al llegar a la punta de Cabo de Gata tenían que costear la herradura por temor a los vientos de poniente y la piratería.

Al construir el Castillo de Roquetas [S. XVI] los navegantes ya en vez de seguir costeando tiraban en línea recta protegidos por los cañones de la fortificación que cruzaban el tiro con la Torre de Cerrillos y la Torre de Aguadulce. Todo esto está documentado en el Archivo General de Simancas.

A partir de ahí es cuando Roquetas toma importancia militar; el pueblo va creciendo, siempre amparado por las salinas. Empiezan a venir pescadores y se construyen algunas casas. En 1757 se construye la iglesia y las casas se van multiplicando.

Alguno de sus estudios está dedicado a las torres y castillos que decoran la costa de Roquetas…

Sí, nuestra costa perteneció al Reino de Granada con siete torres que fueron de las más importantes del reino.

Roquetas adquiere importancia a partir de la toma del Reino de Granada (1492). La importancia de su fortificación militar de la ciudad fue la comunicación. Un aviso de peligro de piratas desde Roquetas a Cartagena [Murcia] tardaba dos horas. Las ahumadas se hacían [en las torres]. De día se echaba leña seca abajo y leña verde arriba y encima una manta. Y de noche se hacía con antorchas.

Dentro del Castillo de Roquetas también había una torre, y como no contaron conmigo cuando renovaron el Castillo pues lo primero que hicieron fue derribarla. Aquel día lloré [suspira].

¿Por qué la historia?

Por mis hijos, que son los mejores profesores que he tenido, y también José Luis López Castro. Yo los acompañaba, iba de ayudante durante sus investigaciones arqueológicas en el puerto de Turaniana. Me fui aficionando y me di cuenta de que me hacía falta más formación. Por eso decidí ir a la universidad.

Usted finalizó sus estudios en 2003, con 72 años. ¿Desde cuándo ejerce como historiador?

Con el museo empiezo a partir de mi viaje a Simancas (con 62 años). Me interesó mucho porque cuando hice la maqueta del Castillo [de Roquetas] vino un grupo de legionarios a que les explicara y pues me dije “parece que tiene importancia esto que yo he hecho”. Eso me motivó mucho. La investigación vino más tarde.

¿Cree que gracias a su museo los roqueteros conocen mejor la historia de su tierra?

Sí, y conocen más su familia, sus raíces, quienes eran sus antepasados, a qué se dedicaban, si alguno estuvo detenido o no, si participó en la Guerra Civil.

Hay quien me dice que yo sé más de su familia que ellos mismos. Hace unos días vino un militante del Partido Popular que es muy amigo mío que quería saber sobre su padre. Me dice callando “¿qué fue mi padre?” y lee en represaliados: “Presidente del Partido Comunista Revolucionario Marxista ruso” [se ríe]. Y le digo, “pero lee también de dónde procede la noticia: Archivo histórico provincial, Gobierno civil”. Yo me lavo las manos.

Algunos se enfadan, me dicen que cómo puedo saber yo eso. Pero yo no lo sé, lo dicen los papeles.

Para un octogenario historiador, ¿cree que se vivía mejor antes o después del progreso vertiginoso que ha sufrido España en últimas décadas?

Pues aunque pasando hambre y descalzos, sin qué comer antes teníamos una edad muy hermosa, qué capital! Hoy en día, hay más acceso a la cultura, aunque antes la gente salía a las puertas, corrían las noticias, buenas y malas, de boca a boca. Aquel contacto humano se ha perdido.

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*Entrevista publicada en el No 10 de la revista Hilando Fino (ver página 16). 

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