“Tengo pesadillas con mi vida laboral”

La historiadora del arte, Encarni Toledano Piqueras, excavando en matallana, Valladolid (España). Foto cedida por E. Toledano.

La historiadora del arte, Encarni Toledano Piqueras, excavando en Matallana, Valladolid (España). Foto cedida por E. Toledano.

Encarni Toledano, de 33 años, tiene un sueño: vivir de la Historia del Arte. De pequeña soñaba con convertirse en egiptóloga y durante toda su vida ha luchado por hacerlo realidad. Especializada en arqueología y con un máster en egiptología roza con sus manos el sueño de su infancia. No obstante, varios obstáculos impiden culminar su quimera: la crisis económica y la de la cultura.

Toledano se declara “una indignada” por la situación desoladora que vive su generación, sin perspectivas de futuro, y por pertenecer a un país [España] donde, según ella, no se valora ni se invierte lo suficiente en la historia, la cultura y el arte. «Hace poco leí “la cultura no está en crisis, es crisis” y creo que eso resume muy bien la situación actual», dice confesando que hubiera preferido ser de ciencias.

Desde que terminó sus estudios, en 2005, han sido pocas las posibilidades de trabajar en su sector. Durante todo este tiempo se ha dedicado al cuidado de niños, las clases particulares, la hostelería, los semilleros y la manipulación de alimentos. También ha trabajado como educadora en un centro de menores, el único empleo que puede decirse que esté relacionado con sus estudios al haberlo conseguido “por ser de humanidades” – aunque no tuviera nada que ver.

Numerosos estudios demuestran que el desempleo tras la obtención de cualquier título de humanidades es casi seguro. Según Adecco, sólo un 5% de las ofertas de empleo requieren licenciados de esta rama, pero los titulados son muchos más.

Toledano está convencida de que el problema fundamental, en el caso concreto de la Historia del Arte, es que no se subvencionan proyectos de investigación, lo cual limita las opciones laborales y condena a prácticamente todos los historiadores a la docencia o a la administración pública, en el mejor de los casos y tras aprobar una oposición. Sin embargo, las oposiciones, ahora mismo, tampoco son una opción, al menos a corto plazo, asegura Juan Manuel Martín García, profesor titular de Historia del Arte en la Universidad de Granada. La crisis y la política de recortes lo han bloqueado prácticamente todo.

Para hacer frente a la problemática de la empleabilidad, el departamento de Historia del Arte en la Universidad de Granada lleva varios años organizando al final de cada curso académico unas jornadas de profesionalización para licenciados. “No sólo participa profesorado del Departamento que tiene responsabilidades en cuestiones relacionadas con las salidas profesionales, sino también otras personas que, en su mayoría, han estudiado Historia del Arte y que por diversas vías, la pública y la privada, están desarrollando su vida laborar en ámbitos afines con la disciplina. Se trata de presentar posibilidades, opciones o, al menos, de ver que las cosas están mal, pero que hay quienes están saliendo adelante y que todo es posible”, explica el profesor J.M Martín García.

Hasta que la situación se equilibre, cree que hay que seguir formándose y variar la formación, convencido de que “las opciones van a venir por una cuantificación en este sentido”. Sin embargo, no todos los titulados tienen los medios económicos para hacerlo.

La arqueología: una cara vocación

Es el caso particular de Toledano. Actualmente trabaja mucho y gratis. Además de buscar empleo, colabora con una asociación (Programa en Defensa de la Fauna Marina – PROMAR) y escribe en una revista de cultura (Hilando Fino). Aunque no cobra, ambas actividades le dan el “ánimo” que necesita para enfrentarse a una realidad desoladoramente precaria.

Toledano lleva siete años tocando, en vano, a todas las puertas posibles. Se ha presentado a tres oposiciones para biblioteca y archivo; dos para museo; su curriculum ha dado la vuelta al mundo; y ha acumulado unos 20 certificados de cursos especializados que corroboran su tenacidad.

Encarni Toledano, excavando en Orce, Granada. Photo cedida por E. Toledano.

Encarni Toledano, excavando en Orce, Granada. Foto cedida por E. Toledano.

Conocedor de las dificultades a las que están haciendo frente los licenciados en Historia del Arte, especialmente en época de crisis, el profesor J. M Martín García dice haber escuchado en uno de sus cursos de formación: “sólo a los peces muertos los arrastra la corriente”. Y añade: “si no queremos que nos pase lo mismo hay que luchar contra todo aquello que nos quiere arrastrar (desmoralizar) y confiar en que siempre hay una meta que alcanzar”.

Para Toledano la meta es clara. La arqueología es su pasión, por eso aunque sea sin cobrar acepta malvivir un tiempo para pagarse ese lujo que para ella se ha convertido trabajar en su sector. El mes de agosto volvió a trabajar gratuitamente, siendo ahora mismo la única manera de acumular experiencia en su ámbito. Estaba feliz. Fue seleccionada como becaria para participar en las excavaciones arqueológicas de Orce (Granada). La dirección de los yacimientos corrió con los gastos de la estancia de los 40 becarios, ninguno remunerado.

Ahorrar para marcharse

Convencida de que la situación en España no va a mejorar, ahora sueña con marcharse: “el problema es que no tengo ahorros para hacerlo, pero en cuanto los tenga seré una de las que se una a la fuga de cerebros”. Le gustaría emigrar a Latino América donde, dice, por el contrario de Europa – donde se requiere sobretodo personal sanitario y técnico- se está contratando más de la rama de humanidades.

Por el momento, su situación económica la ata de pies y manos. Encerrada en la península trata de agotar todas las posibilidades. Hace unos meses decidió marcharse a 650 km de su ciudad natal y probar suerte en Madrid, donde se dio cuenta de que las cosas “están peores” de lo que imaginaba. Sólo consiguió un trabajo en una galería de arte, que si bien en principio supuso una batalla ganada, en seguida las necesidades básicas le recordaron que no puede seguir viviendo de trabajos no remunerados. “Tuve que volver [a Almería]; aquí por lo menos estoy con mi familia, aunque siga sin dinero”.

Sobrecualificada, sobrevive gracias a sus familiares. Este verano ha tenido la suerte de encontrar un trabajo (sin contrato). Cuidando a una niña ha ganado entre 200 y 300 euros al mes. “Yo con eso tengo de sobra, pero para ahorrar y poder decir, mira me voy, pues no; así que habrá que seguir esperando”, dice resignada en el limbo económico y social en el que se encuentra.

Angustia, frustración y alguna solución

Moralmente se siente muy vulnerable. Preguntándole sobre su situación anímica contesta retóricamente “si quieres soy sincera del todo”, con una sonrisa nerviosa que se borra en cuanto comienza a hablar: “estoy bastante mal, muy frustrada, y no me importa decirlo, llevo meses en tratamiento psicológico. Tengo una medicación porque yo ni dormía, ni comía, porque, en serio [insiste], no sabía qué hacer”. La joven, a la que la necesidad ha llevado a acumular sobretodo trabajos sin contrato, tiene pesadillas con su vida laboral. “Veo el poco tiempo que llevo trabajado, y yo me desespero viendo eso”, dice angustiada.

“Ahora estoy más o menos bien, pero unos meses atrás  no sabía cómo canalizar el dolor que tenía dentro”, reconoce. Ha entendido por si sola que podía ser arrastrada por esa corriente de la que habla el profesor J. M. Martín García, y ha puesto los medios para solucionarlo. Aparte de la ayuda médica, asegura que las actividades benévolas en las que participa le están ayudando de manera considerable.

Toledano sabe que hay muchos jóvenes en su situación, y a todos ellos les recomienda involucrarse en actividades, aunque sea de manera voluntaria porque “a nivel personal conoces gente y también haces contactos para ir moviéndote”. Por experiencia propia sabe que a pesar de los problemas a los que haya que hacer frente “relacionarse con la gente hay que hacerlo siempre; no te puedes quedar encerrado lamentándote”.

Por su parte, el profesor J. M. Martin García reconforta aseverando que “para llegar hasta donde ahora estoy ha sido una constante carrera por avanzar y por seguir avanzando (y no siempre con el viento a favor). Es verdad que a lo mejor cualquiera de los jóvenes licenciados que salen de nuestra universidad piensan que lo tienen peor que antes, pero lo cierto es que nunca ha sido fácil; por eso lo de la lucha constante”.

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3 Respuestas a ““Tengo pesadillas con mi vida laboral”

  1. Encarni Toledano se declara “indignada” por una serie de circunstancias que determinan su vida y sobre las que no tiene capacidad de decisión a nivel individual. Mucho se podría hablar sobre si la universidad debe ser un centro de preparación profesional o de difusión del conocimiento, si el estado debe invertir recursos en la formación de personas que no van a poder devolver esa inversión, si las ciencias humanas deben ser una prioridad de la sociedad, etc. No es mi intención hacerlo.
    Lo importante del caso de Encarni es que muestra lo que se le ofrece a aquellos que afrontan el problema de la precariedad como un asunto individual. Esa carrera de ratas conduce a la desesperación que produce ser consciente del hecho de estar contribuyendo a la propia desgracia. Encarni lo está pasando fatal porque es una arqueóloga que está cavando su propia tumba.
    Si bien es cierto que es poco lo que puede hacer para mejorar su situación a nivel individual, trabajando gratis ha hecho bastante para empeorarla. Ante todo, es evidente que no le va a ser fácil encontrar alguien dispuesto a pagarle por hacer una labor que ella misma ha tasado a cero euros la hora. Además, regalando su fuerza de trabajo, ha devaluado la profesión que ama. No sólo porque la ha convertido en un hobby, sino porque ha contribuido efectivamente a rebajar su calidad. Gracias a los que como ella pueden permitirse el lujo de no cobrar y sobrevivir de sus familias, compañeros más cualificados que no pueden o no están dispuestos a aceptar esas condiciones han abandonado la misma. Se trata de una fuga de cerebros de la que Encarni y las personas en su misma situación no son los únicos responsables. Sus “empleadores”, a falta de una palabra mejor, son mucho más culpables de la degradación a la que han arrastrado a su profesión. Manuel Martín Bueno, de la Universidad de Zaragoza, José Luis López de Castro, de la Universidad de Almería o Germán Delibes y Julio Manzano, de la Universidad de Valladolid, que dirigían excavaciones en las que Encarni trabajó gratis, así como las instituciones que les acogen, han hecho mucho más que ella por rebajar la calidad tanto de la arqueología como de las relaciones laborales.
    Continuar invirtiendo en sobrecualificarse más aún tampoco tiene por qué necesariamente ser muy práctico a un nivel laboral. Los cursos de formación a menudo sólo resuelven la situación laboral del que los da, como bien ha podido comprobar ya Encarni. Los consejos del profesor Martín García no sólo son interesados. Además contribuyen a fomentar el no menos interesado mito de que la responsabilidad de la situación de precariedad es del que la sufre, como si los millones de parados españoles fueran a encontrar mágicamente trabajo si, por ejemplo, aprendieran inglés.
    La solución laboral para las personas como Encarni es bastante oscura. Tal vez pase por salir del país o tal vez no, es lo de menos, pero, dentro o fuera, “indignarse” con una situación planteada como ajena probablemente le sea cómodo a corto plazo y le ayude a olvidar su responsabilidad personal en los acontecimientos. Sin embargo, ahora la víctima de los acontecimientos es ella, así que si no quiere seguir enterrando su futuro debe ponerse a trabajar en cambiar su curso, lo que difícilmente va a poder hacer sola.

  2. Sólo quiero decir una cosa a lo que ha escrito Rodrigo (no sé si eres el que coincidió conmigo en Matallana) y es que yo “no puedo permitirme el lujo de no cobrar ni sobrevivir de mi familia”, no sé si no has leído la c cantidad de trabajos que he tenido que nada tienen que ver con mipreparación académica.

  3. Pingback: La ‘depresión profunda’ del joven formado | My Chronicle Type·

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