Como pez en el agua

Un barco pesquero vuelve a puerto mientras un pescador aficionado pesca en los espigones. Adra (Almería).

Un barco pesquero vuelve a puerto mientras un pescador aficionado pesca en los espigones. Adra (Almería).

Las cañas de pescar apostadas a lo largo de sus casi 13 km de playa forman parte del paisaje de Adra, una pequeña localidad de la provincia de Almería, en el sur de España. Los barcos que entran y salen del puerto sobrevolados de parvadas de gaviotas completan la escenografía costera de esta pequeña ciudad andaluza.

Aunque la agricultura intensiva es su principal actividad económica, la pesca forma parte de la economía, la cultura y la imagen de esta urbe Mediterránea, siendo, además, una de las actividades de ocio más populares.

Cañas apostadas en un espigón de la playa de San Nicolás.

Cañas apostadas en un espigón de la playa de San Nicolás. Adra (Almería).

He recorrido sus playas para tratar de comprender las inquietudes que mueven a los aficionados a pasar el tiempo frente al mar, en soledad y sumergidos en un íntimo silencio. El resultado ha sido una mezcla de agradable descubrimiento y sorpresa.

¿Por qué pescan los pescadores aficionados?

Es lógico pensar que la finalidad de este tipo de actividad sea pescar algo, pero los argumentos de los pescadores aficionados muestran una gran contradicción: no vienen a pillar pescado. ¿Por qué pescan, entonces?

Ciudadanos de Adra pescando en un espigón.

Ciudadanos de Adra pescando en un espigón.

José lleva pescando toda su vida: antes, como pescador profesional en un barco; y ahora, como jubilado en la orilla del mar, contemplando las olas que antes lo balanceaban. Lo mira de frente, lo ama, no puede vivir sin él. Es un amor para toda la vida. “Me ha gustado siempre; lo llevo en la sangre”, dice orgulloso.

Aunque ahora disfruta de estos momentos en la playa, no puede evitar hablar con nostalgia del barco que vendió tras jubilarse. Cuenta que la mayor parte de su vida la ha vivido en su embarcación en la que iba a las costas de Málaga y Melilla a lanzar sus redes. Navegaba de 4 de la mañana a 8 de la tarde. “Se echa de menos, porque te ha gustado mucho; pero la edad ya no te deja trabajar”, cuenta resignado.

José dedica 2 horas diarias a esta actividad, tan sólo el día que su mujer le da permiso, pues “hay que ayudar en casa”, dice.

La caña de pescar artesanal de José.

La caña de pescar artesanal de José.

Este pescador vocacional pesca con caña artesanal hecha de cañavera que él mismo fabrica. Asegura que con ella ha llegado a pillar pescado de 1, 3 y hasta 4 kg. Como cebo utiliza macilla hecha de pescado y sardinas que pone en sal para que se conserven más tiempo.

Francisco, también jubilado, lleva muchos años pescando. Él lo hace para entretenerse y disfrutar de la calma mientras ve amanecer. Francisco opta por una técnica diferente a la caña: el volantín, que consiste en tener el hilo cogido con las manos, lo que le permite sentir enseguida cuando un pescado muerde el anzuelo – como si lo tocara directamente con la mano.

Durante mi paseo por la playa abderitana, encuentro también a un tímido joven en la treinta. Él viene por aburrimiento, para evadirse, pues la crisis económica que atiza con fuerza el país lo ha condenado ya a 4 años de inactividad. En su voz se capta una especie de resentimiento y abandono. Gracias a su abuelo, quien le enseñó todo lo que sabe, ahora se distrae con la pesca.

No hay que haber sido pescador profesional o provenir de un pueblo costero para entrar en conexión con la mar. Jérôme, un joven belga que lleva ya dos años pescando en las playas de Adra, asegura que mirando el mar en movimiento te llegas a sentir parte de esa gran masa de agua.

Pescadores_sombra

Varios pescadores pescando al atardecer.

“Pescando es como si el tiempo se parara, no hay un momento mejor que otro”, afirma. “La pesca no es sólo lanzar el hilo y esperar a que un pez muerda el anzuelo; la pesca es ver amanecer; sentir el mar, el sol; disfrutar de la calma; escuchar las olas, los pájaros; observar el color de las piedras, el reflejo de la luz sobre las olas; apreciar los barcos que pasan, la gente que camina sobre la arena…”, describe este turista que empezó a pescar para distraerse durante sus vacaciones.

El placer es pescar, no pillar pescado

Jérôme está convencido de que la pesca es un placer que se merece, es una pasión. Para descubrirla “hay que saber escuchar la naturaleza”, y lamenta que no todo el mundo sea capaz de hacerlo.

Un pescador visto desde el paseo Marítimo.

Jérôme, pescador aficionado y turista belga, pesca en la playa de San Nicolás. Adra (Almería).

Con similar pasión habla Francisco de esta actividad que recomendaría a los jóvenes y a los jubilados. A los primeros, para evitar los peligros de la calle; y a los segundos, para mantenerse entretenido y pasar un momento a gusto.

En nuestras conversaciones ninguno apela a la captura de pescado para explicar su interés por la pesca. “Cuando uno quiere pescado, va a la plaza a comprarlo”, dicen José y Francisco.

Jérôme asegura, además, no sentirse frustrado si vuelve a casa con las manos vacías. “El placer es pescar, no pillar pescado”, sentencia sonriente.

La captura te hace feliz

A pesar de las pocas expectativas de captura, todos reconocen tener la ilusión de volver a casa y almorzar con orgullo el pescado que les ha costado tanto esfuerzo y esmero capturar. Y es que no es nada fácil ganarle la batalla al pez. Además de la paciencia, hace falta la técnica – hay que saber bailar con él. “Pescar es como un juego, hay un momento de juego con el pescado. Cuando pica tienes que cansarlo soltando y recuperando hilo; es como un baile”, explica entusiasmado el joven belga. Y cuando un pez pica, se siente “mucha ilusión”, confiesa Francisco, que hace unos días pescó un pez ballesta de 2 kg, no muy común en la zona.

José sostiene su captura del día: un pez araña.

José sostiene su captura del día: un pez araña.

“Cuando uno pesca, se va contento”, afirma también José, que días atrás sacó del mar entre 20 y 30 pescados en dos horas y media. Tal captura es excepcional. De hecho, “el pescado que hay se queda en las redes”, lamenta José. Se refiere a las redes de trasmallo colocadas por los pescadores profesionales a unos 200m de la orilla. Estas redes sólo se permiten durante la temporada baja; en verano son remplazadas por las boyas de baliza que separan la zona de libre navegación de la zona reservada a los bañistas.

Por lo tanto, José recomienda pescar en bote más allá de las redes si uno de verdad quiere volver a casa con las manos a rebosar. Por supuesto, para pescar, tanto en la playa como en bote, hay que tener licencia.

Su vida de pescador ha hecho de José un ciudadano muy respetuoso con el mar como medio natural y fuente fundamental de recursos, y muy crítico con competiciones de pesca como la que se desarrolla mientras hablamos. La competición no premia la captura del pez más grande, sino la cantidad capturada.

Son las 9 de la mañana y los participantes van a ser congregados para proceder con la valoración y premios. Un joven participante de 16 años se jacta mostrando su captura. José, sin embargo, cree que es una pena coger pescados del tamaño de su dedo índice. Sus comentarios me llevan a sospechar que una buena parte de las capturas en este tipo de competiciones quizás no cumplan la talla legal.

Jérôme, pescador aficionado y turista belga, pesca en un espigón. Adra (Almería).

Jérôme, pescador aficionado y turista belga, pesca en un espigón. Adra (Almería).

A parte de los participantes de la competición, ninguno de los pescadores aficionados que he encontrado viene a pillar pescado. Todos saben que no hay para darles de comer. Todos vienen a pasar el tiempo, evadirse, relajarse, pensar y soñar despiertos. Aquí se reencuentran consigo mismos, se sienten parte de la naturaleza y de ese mar inmenso que parece detener el tiempo.

En la orilla, la vida es sueño

Atardecer en Adra (Almería).

Atardecer en Adra (Almería).

La sal se palpa en el aire; huele a mar. El sol continúa elevándose. Ya es de día, y los pescadores en la playa recogen su material o se desplazan a los espigones donde pueden pescar todo el día si lo desean. Hay que ceder, pues, la playa a los bañistas.

Frente al mar y bajo el cielo que le da color, los pescadores aficionados se relajan mirando al horizonte. La orilla inspira y los pensamientos salen a flote: unos quizás se vean de nuevo sobre un barco, otros quizás fantaseen con un trabajo o con otro día de pesca.

Dejándose impregnar por la brisa salada, esperan que en una de esas olas un pez decida picar el anzuelo y acepte bailar con ellos. Si escapa, no importa; mayor es el reto para el próximo día de pesca, aunque el placer será el mismo: pescar en la orilla, donde el tiempo se detiene y la vida se transforma en sueño.

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4 Respuestas a “Como pez en el agua

  1. precioso,este relato soñador de todos estos hombres que ven en el mar la ilusion de volar.me ha encantado encarni siempre te superas

  2. Muy chulo Encarni ,buen trabajo.
    Nosotros que nos hemos criado junto al mar lo entendemos perfectamente , y las fotos geniales.besos

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