Haciendo reír en Palestina

Entrevista al actor Pepe Viyuela, uno de los impulsores de Payasos sin Fronteras (PSF), para el programa Mundo Solidario de Radio Exterior de España – RTVE. Emitida en Agosto de 2006.

Periodista (P). Payasos sin Fronteras se encuentra en la franja de Gaza (Palestina), trasladando a los niños a un mundo de magia, risas y felicidad, haciendo que se olviden del miedo y de las difíciles condiciones que les rodean. Allí se ha desplazado también el actor español y cómico de gran prestigio Pepe Viyuela, que además es uno de los grandes impulsores de Payasos sin Fronteras. Buenos días, Pepe.

Pepe Viyuela (P.V). Hola, buenos días, ¿qué tal? ¿cómo estáis?

P. Cuéntanos un poco, ¿qué estáis haciendo allí? ¿Cual es vuestra agenda de trabajo o cual ha sido vuestra agenda de trabajo?

P.V. Pues hemos venido aquí con dos objetivos fundamentales. Uno era hacer el mayor número posible de espectáculos en campos de refugiados, escuelas, centros culturales…. Y para ello hemos entrado en contacto con el Ayuntamiento de Gaza a través del Ayuntamiento de Barcelona y  con la Media Luna Roja Palestina, en la cual estamos ahora mismo alojados. Y otro de los objetivos importantes, éste si cabe todavía más, pues preparar la visita de nuevas expediciones en el futuro, en previsión de que sea noviembre, una vez que haya terminado el Ramadán. En ese momento vendrá un mayor contingente de payasos para intentar de llenar estos espacios, que es lo que más falta hace, las ganas de reír, vivir y seguir adelante.

P. ¿Cómo encontráis a los niños palestinos?

P.V. Pues los niños palestinos son como los niños de cualquier otro sitio. Lo que ocurre es que están viviendo una situación muy complicada. Cuanto peor son sus condiciones de vida, creo que más dificultades tienen para afrontar la situación, porque en los colegios donde existen mayores posibilidades, en los centros donde hacen otras actividades, se observa mucho más fácilmente que los niños responden a lo que se les ofrece, mientras que en otros lugares es más difícil conectar, recurren más a la violencia para comunicarse. Entonces, nos hemos dado cuenta de que es precisamente en esos sitios donde más falta hace que vayamos los payasos. Porque hay otros lugares donde si son capaces de organizarse para que los niños recuperen su equilibrio anímico y esa tranquilidad espiritual que necesitamos todos para crecer y llegar a ser adultos con más facultades para la paz que para la violencia.

P. Tiene que ser bastante extraño ir a un lugar para provocar la risa mientras que, ante la situación dramática, la persona que se enfunda el traje de payaso quizás está conteniendo las lágrimas. ¿Qué sensaciones tenéis?

P.V. Las sensaciones son, como tú dices,  muy contradictorias porque te sientes feliz al ver que tu trabajo tiene un sentido muy profundo en estas tierras, pero al mismo tiempo estás sintiendo que es muy poco lo que puedes hacer, quisieras multiplicar por un millón lo que haces pero sabes que no es posible, que se acaba el tiempo, que tienes unos días para estar aquí, que tienes que volver. Y de lo que si te das cuenta también es de lo cerca que estamos de esta gente; la gran capacidad para la hospitalidad que tienen, lo fácil que ha sido todo para llevar a cabo los objetivos que nos habíamos propuesto. Nos han abierto todas las puertas. Todo ha sido fácil. Son gente preparada para vivir, para recibir, tienen ganas de construir. Y una de las frases más hermosas que hemos oídos estos días ha sido que: Palestina no necesita más muertos, no necesita más mártires. Lo que necesita es gente que quiera vivir por Palestina. Niños que quieran mirar adelante para construir un país y convivir con toda la gente que está a su alrededor. Ése es el espíritu que hemos percibido, lo que ocurre es que aquí hay un clima de violencia provocado por la presión, años de aislamiento y la continua sensación de peligro. Uno cuando viaja o se mueve por el país, siente que puede ocurrir cualquier cosa en cualquier momento. Y de hecho cuando hablamos con los responsables del ayuntamiento o de la Media Luna Roja sobre la seguridad de cara a futuras expediciones, pues nos dicen que la situación puede cambiar de un momento a otro. Con lo cual hay que dar el paso sin saber lo que va a ocurrir un minuto después.

P. ¿Es quizás eso lo que más os ha sorprendido?, ¿esa positividad que se vive en Palestina?

P.V. Pues sí. Nosotros volvemos con muchas ganas de regresar. Se nos ha hecho el tiempo corto. Ha sido duro porque hemos tratado de aprovechar cada uno de los minutos y todo el equipo ha estado poniendo toda la carne en el asador para que cada hora estuviera llena de contenido, para que todo el tiempo que estuviéramos aquí hiciera que hubiera merecido la pena venir. Y nos vamos con la sensación de que, aun así, no hemos hecho todo lo que hubiéramos deseado hacer. Aquí hay mucho trabajo. Hay mucho que hacer. Los payasos tenemos trabajo, los arquitectos tienen trabajo, toda la gente que quiera colaborar con el pueblo palestino tiene trabajo porque este pueblo lo que necesita es mucho apoyo para salir de la situación en la que está.

Y pues nosotros, como payasos, sabemos lo que sabemos y traemos lo que sabemos hacer que son nuestras narices rojas, nuestros trajes de colores, con eso intentamos que aunque sólo sea durante unos minutos, unas horas, la gente que nos ve tenga una sensación de normalidad. Pero queremos hacer un llamamiento a toda la gente de España a que sienta como suyo el problema palestino porque mientras este problema persista todos estaremos afectados por el, y seguiremos estado, de alguna manera, en peligro.

P. ¿Cómo son vuestros espectáculos?, ¿cuál es el recurso cómico qué más funciona, el que más está haciendo reír?

P.V. Pues aquí lo que intentamos hacer es actuar con espectáculos muy visuales, y pues recurrimos a las cascadas, las caídas, la relación digamos amistosa entre los payasos, los globos, pequeños juegos de magia. Los espectáculos de Payasos sin Fronteras se caracterizan por ser espectáculos que se llevan en una maleta, que viajan con nosotros, que no necesitan grandes alardes. Sería muy contradictorio llegar a un campo de refugiados con una gran carpa o con un gran equipo de sonido o unos trajes hiper lujosos. No tendría mucho sentido. Intentamos conectar a través de nuestra estética y del material que llevamos con la situación de la gente. No se trata de epatarles, sino que se trata de que con pequeñas cosas, con un globo, un juego, una canción, un pequeño baile, se puede volver a recuperar la sonrisa, y recuperar la sensación de vivir y mirar adelante, que es lo que merece la pena.

El otro día una compañera, Cristina, al terminar una actuación, se acercó una niña a ella y le dijo “mira estoy sonriendo”. Estos son los recuerdos y estímulos que nosotros nos llevamos para saber y sentir que tenemos que volver cada vez con más ganas y más fuerzas.

P. ¿Van también los adultos a veros?

P.V. Si, los adultos van también, y además son los que más expresan verbalmente su gratitud por haber hecho reír a sus hijos y por haberles hecho pasar un rato como no lo han pasado nunca. Y no estoy exagerando porque estos niños, en muchos casos, no han visto nunca un espectáculo en directo. Lo más parecido que han visto de un payaso ha sido a través de la televisión. Y eso también se nota en la relación con ellos, lo ven como algo extraño. Pero creemos en este trabajo, es una forma de normalizar y hacer que la gente vea una luz al final del túnel y sepa que hay motivo para la esperanza. Porque si en una situación tan difícil son capaces de reír con tan poco, eso automáticamente desencadena en el cerebro una sensación de que es posible cambiar y llegar a una situación de paz. En eso creemos.

P. A veces has declarado que te sientes payaso. ¿Cómo se siente un payaso y más cuando va a un país como Palestina, a hacer reír a niños que de verdad lo necesitan?

P.V. Pues yo me siento, y creo que todos los compañeros, nos sentimos muy privilegiados. He escuchado a mucha gente de distintas profesiones decir que tienen la profesión más bella del mundo, y suena a tópico pero yo creo que tengo, por suerte, la profesión más hermosa del mundo. Me permite conocer gente, compañeros que además tienen la misma sensación. Y esa sensación se multiplica por mucho cuando venimos a sitios como estos donde tu trabajo no se ve recompensado por un sueldo, sino por la alegría, la sonrisa de gente con la que hacía unos instantes no tenías nada que ver pero para con la que te sientes unidos ya para toda la vida.

Hemos hecho buenos amigos estos días, gente con la que podremos contar en el futuro, y gente que está luchando por su pueblo, que podría estar en otros países probablemente en puestos de trabajo estupendos pero que quieren estar en Gaza porque aman al pueblo Palestino, porque pertenecen al pueblo Palestino y quieren sacarlo adelante. Y es gente que está dispuesta a poner en peligro su vida, y a poner todo entusiasmo posible para hacer que todas estas cosas que llegan de fuera pues prendan de verdad y sean las que ayuden a construir una sociedad de futuro, que es la que necesita este pueblo.

P. Muchísimas gracias, Pepe Viyuela, y queremos enviar un saludo fortísimo desde Mundo Solidario y Radio Exterior de España a todos vuestros compañeros de Payasos sin Fronteras y a todos esos niños. Muchas gracias por hacer reír y por compartir con nosotros esta experiencia.

P.V. Pues nada, ha sido un placer y Cristina, Benito y Ana, que es la fotógrafa que nos ha acompañado, y yo mismo, os enviamos un beso muy grande a todos. Y gracias por prestarnos estos minutos para poder contaros lo que hemos vivido estos días.

P. A vosotros.

– Mundo Solidario-

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