La ‘depresión profunda’ del joven formado

El editorial publicado por el diario El País el 25 de enero aludía a la “depresión profunda” del mercado laboral justo después de que la Encuesta de Población Activa (EPA) hiciera públicas las nuevas y tajantes cifras de desempleo: casi seis millones de españoles en paro. El gobierno inmediatamente después anunciaba la prolongación del Plan Prepara. Sin embargo, los españoles empiezan a necesitar terapia psicológica más que 400 euros al mes. De hecho, si hay algo más deprimido que el mercado laboral español es la moral de los ciudadanos en paro, especialmente los jóvenes cualificados.

Cadena, simbolo de la situación de los jóvenes españoles. © Encarni Barrionuevo Sánchez

Cadena, símbolo de la situación de los jóvenes españoles. © Encarni Barrionuevo Sánchez

Muchos jóvenes padecen la grave enfermedad de la falta de confianza, la frustración y la desesperanza. La depresión, más que profunda, crónica y devastadora, se extiende como una epidemia por las cabezas, bien amuebladas, de tantos miles de jóvenes españoles.

Se dice que la generación de jóvenes de entre 24 y 35 años es la más preparada de toda la historia. Muchos de ellos se han beneficiado del entusiasmo de sus padres – nacidos en la prisionera y pobre dictadura- para sacarse una carrera, un máster y optar a becas como la Erasmus para aprender idiomas en la grandiosa y, para sus progenitores, lejana Europa. Tal ha sido la ambición de estos jóvenes que hasta tienen experiencia laboral aunque nunca hayan cotizado, ya que incluso en época de bonanza las empresas españolas de toda clase, ideología y sector, preferían mano de obra gratis.

Esos jóvenes bien formados, que en otra época podrían hasta estar ocupando cargos de tremenda responsabilidad y usando su gran potencial en beneficio del país, hoy esperan en las largas filas del paro.

Muchos se han marchado, pero la vida fuera de la madre patria no es nada fácil. Atrás queda la época maravillosa del conocido “año Erasmus” para quien tuvo la gran suerte de vivirlo gracias al sudor de sus padres – los grandes artífices de esta generación de sobrecualificados.

El fracaso pesa mucho sobre las espaldas de tan formados ciudadanos.  Tanto dentro como fuera del país, el más difícil reto es no bajar la moral. Y bien duro que es que nadie te quiera con tanto título y tanto idioma, tanto conocimiento informático y voluntad.

A los jóvenes de hoy les cuesta sonreír. Son una generación frustrada en lo profesional; infortunio que se expande a lo personal pues ni los sueños pueden construirse sin una nómina. Vivir de la esperanza se vive de niño, más tarde las facturas las tiene que pagar uno mismo. Los padres también merecen jubilarse.

Pese a las dificultades, esta generación lo prueba todo y se hace las maletas pidiendo a sus progenitores (siempre tan generosos) un nuevo acto de fe y pagarles el billete a Alemania, Inglaterra o a la misma China. Y se marchan con todo el dolor del corazón, solos y con montones de miedos. Lo peor, la oscuridad de la desesperanza, la dejan atrás.

Los jóvenes de hoy también pasan mucha vergüenza. Cuántas veces han dicho a sus padres que otros estudios, otro máster, o las segundas, terceras o cuartas prácticas no pagadas les van a abrir las puertas del trabajo con el que podrán independizarse de una vez y quizás devolverles tantos sacrificios.

Esos jóvenes en paro no tiran la toalla, aunque les cueste sonreír y mantenerse en la floja cuerda del optimismo. Y en el extranjero pasan frío y hasta hambre, y se comen el orgullo mientras una multinacional los explota. Y viven bajo grandes cantidades de estrés, de presión constante que ellos se ponen a sí mismos. Mientras tanto,  en la cabeza siempre el mismo martilleo: “será que no soy lo bastante bueno/a”.

Los jóvenes de hoy tienen complejo de inferioridad aunque hablen más idiomas que el Presidente del Gobierno y tengan más estudios que todos los Ministros juntos. Se comparan permanentemente y concluyen que les falta formación. Creen que quizás no están bastante preparados, que carecen de más habilidades, más conocimientos y más experiencia. Y continúan formándose. Tienen tantas ganas de un porvenir que, a base de cursos y cursillos, se han hecho profesionales polifacéticos pudiendo pasar de arquitectos a psicólogos cambiándose de camisa. Además, tienen tanto talento, pero les quedan tan pocos recursos en los bolsillos, que muchos también se han hecho autodidactas. El que pueda se pagará otro máster, y seguirá estando sobrecualificado y en paro.

Los jóvenes también tienen miedos, entre otros,  que el paro se vea como una mancha en su vida laboral; tienen miedo de que el periodo de inactividad sea, además, un obstáculo a la hora de encontrar trabajo cuando la borrasca de la crisis se despeje. Viven al borde del precipicio moral, con grandes dificultades de creer que valen la pena.

Son una generación en riesgo de trauma irreversible. Si no llega la oportunidad para la que se han preparado caerán del precipicio en depresión profunda, y con ellos, los sueños que sus padres han proyectado durante toda una vida, y todo lo que el Estado ha invertido durante años.

Ver también:
Los jóvenes no volverán sin un trabajo digno
“Tengo pesadillas con mi vida laboral”
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9 Respuestas a “La ‘depresión profunda’ del joven formado

  1. cuanta razon tienes ,y si a todo eso sumamos todos las trampas que esta poniendo este gobierno a los pobres trabajadores ,que son realmente los que levantan el pais no se hasta donde vamos a llegar,(reduccion de sueldos,malas condiciones laborales……)da miedo enfrentarse al futuro con incertidumbre de que sera de todos nosotros,de nuestras vidas,nuestro trabajo ,incluso del futuro de los que hoy estudian esperemos que algun dias veamos una nueva españa con un futuro para los epañoles

    • Esther,
      Muchas gracias por tu comentario. La verdad es que sí que da miedo, pero sobretodo es muy frustrante. Todo el mundo se ha preparado de una manera u otra, y la vida que tenían o que esperábamos se ha desvanecido. Una buena consecuencia de la crisis es que ahora la gente se interesa más por la política, la economía y por sus derechos fundamentales. Tengo la sensación de que ahora nos cuestionamos más las cosas, aunque desgraciadamente también se siente en el aire la resignación.

  2. Yo llevo 2 años es lo que hay…, y si es cierto tb se pasa hambre…Un animo a todos aquetrabajando fuera ,en concreto de arquitecto en Rotterdam, estoy profundamente deprimido, ya que con mi actual contrato no me da ni para vivir, así que he tomado la decisión de volverme, es muy triste pero llos que luchan y cogen las maletas, yo volveré a hacerlo en cuanto recargue las pilas.

    • Cubilet,
      Muchas gracias por compartir tu experiencia. No estás solo. Es normal estar deprimido; hemos trabajado mucho y la situación no es nada valorizadora. Mucho ánimo a ti! Tienes razón, a veces es mejor volver a casa y tomar fuerzas para volver a intentarlo, más motivado aun. Te mando mucha energía y te deseo muchísima suerte. Por el momento, sobretodo, descansa. Un saludo!

  3. Tengo 3FPII, una cuantía de cursos y cursillos que ni recuerdo y vivo de los pocos fines de semana que puedo trabajar siendo promotor-comercial en hipermercados.
    Si sumo la totalidad del tiempo que he trabajado sin cobrar, ni cotizar, siendo practicas y demás, supero tranquilamente el año que parece que he tirado a la basura.
    Sinceramente estoy cansado, agotado física y mentalmente por saber que estoy preparado para todo menos para que me rechacen en una oferta de pizzero o de camarero de lo cual ya he trabajado o de cualquier cosa.
    Es muy difícil tener ánimos hasta para levantarte de la cama y el hecho de como cada día mirar las ofertas de empleo, ni te cuento.

  4. Leer este tipo de cosas y saber que no estoy solo siempre es de ayuda. Mi situación es como la de muchos. Una carrera, dos masteres, C1 en ingles (y valenciano), participado en congresos internacionales en Francia y España, un sinfin de cursos de ampliación formativa en muy diversos campos (algunos inutiles en contenidos, justamente los más caros, pero que me dan puntos en oposiciones), experiencia trabajando (sin cobrar gracias a las maravillosas “practicas en empresa”) en laboratorios de hospitales concertados… y que se yo cuantas cosas me dejo en el tintero. Tratando de ser profesor, de enseñar mi pasion por la biologia a un grupo de mentes en ebullición, y de enseñar a pensar. Con el desmantelamiento de la educación pública solo quedan concertados o privados… pero cuando en un instituto me hacen rellenar un formulario de cv en lugar de aceptar el mio, y me doy cuenta que, de 5 paginas a rellenar solo dos son sobre mi formación profesional y las otras 3 sobre mi experiencia religiosa, no puedo más que venirme a bajo y aceptar la realidad. Y lo siento, pero no voy a mentir.
    Ofertas de trabajo basura de tanto en tanto, que descarto porque gano más dando clases particulares, a pesar de que no sea más que para cubrir mis propios gastos.
    Y asi llevo 3 años ya. Hace 6 meses me diagnosticaron algo que jamás hubiera pensado en mi, ansiedad. Y desde entonces sigo adelante con medicación y sin tratar de pensar en ello. En que cada vez tengo más edad y todo sigue igual… solo que tengo más titulos para empapelar la pared.
    Sin poder siquiera vivir con mi pareja, no hablemos de formar una familia, es imposible no pensar en la idea de marcharnos al extranjero en un futuro no muy lejano, dejando a nuestras familias y amigos atras. Y desgraciadamente sea esa la unica salida que tengamos en un futuro no muy lejano.

  5. Tienes razón en muchas cosas de las que dices. Yo tengo 35 años hablo 3 idiomas y tengo un Master. Pero no echo la culpa a nadie (a pesar de que unos la tengan mas que otros) de la situación. Lo veo como una oportunidad de cambiar el Mundo donde lo importante no sea tener un trabajo fijo, si no trabajar para uno mismo en lo que te gusta, que no midamos a la gente por lo que tiene si no por lo feliz que es, que nos de igual ganar 600 euros si tengo tiempo para compartir con los mios mientras trabajo justo en lo que para mi es un placer y no una esclavitud. Aprender que es más importante una tarde en la naturaleza que jugar a la Play o que nos podemos desplazar en bici en vez de en coche. No necesitamos la mayor parte de las cosas que aspiramos, el mundo te da lo que necesitas en cada momento solo que puede no coincidir con lo que quieres, ser feliz no se basa en tener. Por lo que a lo mejor es una oportunidad de cambiar la mentalidad del Mundo y con ello salvarlo porque a este ritmo seguro que no quedara mucho para nuestros nietos. Un saludo

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