los ciudadanos piensan, se expresan y existen

Carga policial contra manifestantes en Leuven.
/ Foto de archivo: Jérôme Van Den Brande

Un golpe seco en la cabeza me ha hecho caer al suelo. Con la cara sobre el frío asfalto he visto gente correr, los gritos me han confundido aún más. Lo he visto todo borroso. He recibido una patada en el vientre y he susurrado ‘por qué me pega…’ tan silenciosamente que ni siquiera yo me he escuchado a mí misma. Después, he muerto.

Una intensa rabia se ha quedado dentro de mí. Tal es la cólera que jamás podré descansar en paz. Una ira infinita contra la violencia del ser humano y contra mi país, porque mi país me ha golpeado hasta la muerte.

Ahora se hablará de mí como una simple víctima, con detalles banales sobre mi persona, sin mis sentimientos ni mi dolor, sin mis ilusiones, sin mi pasado y sobre todo sin mi futuro. He muerto, y esto es para siempre.

Se me dedicarán unas cuantas páginas de periódicos; unos segundos en el telediario; algunos comentarios entre vecinos y manifestantes; y seré una incómoda víctima para los responsables. Se dirá que es una tragedia, un error humano, las consecuencias de una manifestación que degeneró en violenta… pero yo soy la única que paga por un uso desproporcionado de la fuerza de aquellos que debían garantizar la seguridad de los ciudadanos y sus derechos democráticos.

Ya no podré expresar esta frustración tan grande, este desconsuelo y amargura eternos. Pero tengo tanto que decir..: al mundo, a este mundo de locos que no piensa en los intereses de todos; a mi gobierno egoísta que no escucha a sus ciudadanos y que ordena persuadir a los manifestantes porque no acepta las críticas; y a los responsables directos de mi muerte, aquellos que sostenían la porra y me vieron por última vez con vida, aquellos que acatan órdenes sin juzgar y que en vez de proteger a los ciudadanos, les aporrean la boca indiscriminadamente.

Señor Presidente, señores Ministros, señores miembros de las fuerzas del orden, yo tenía 29 años, y tantos sueños por cumplir, aunque esta crisis ya hubiese evaporado unos cuantos.

Yo soy menudita, pero con el carácter necesario para no dejar que me vendan la moto. Mi mayor sueño en la vida ha sido poder elegir el trabajo que me hiciera feliz. Prepararme ha sido mi prioridad en la vida, y la de mis padres. No es justo ver pasar los días sin un ápice de esperanza, buscar trabajo y no obtener ni una respuesta positiva. Ser licenciada, tener un máster, hablar cuatro idiomas, y no sentirse valorada.

Señor Presidente, mientras yo moría usted se atrevió a alabar a la mayoría silenciosa que se queda en casa y no se manifiesta. Al decir tal cosa usted se olvida de la esencia de la democracia.

Yo conozco mis derechos, y una de mis libertades fundamentales es poder expresar mi desacuerdo. ¿Era justo acaso golpearme de esa manera por ejercer un derecho básico y fundamental en democracia? ¿Merecía yo acaso morir por expresar mi descontento, mi desánimo, mi desacuerdo con su gobierno? ¿Está justificada mi muerte por no haber formado parte de esa parte de los españoles que usted, señor Presidente, insulta llamando “mayoría silenciosa”? Estar comprometido debería más bien agradecerse, al igual que participar activamente en democracia debiera alentarse.

Ustedes no se han molestado en entender a los españoles, en escucharnos y preguntarnos cómo queremos salir nosotros de la crisis, cuáles son nuestras prioridades… porque nosotros no nos codeamos con las autoridades europeas, ni con fondos internacionales, ni queremos agradar a los mercados… Nosotros apostaremos siempre por ir despacio y seguro, y no rápido y morir en el camino.

Ustedes con su austeridad absurda y agresiva nos humillan y nos asfixian. Nos imponen sus ideas y nos las venden como la verdad absoluta como si fuésemos incultos, ignorantes, tontos… y detestan que protestemos. Y así mientras apelan a valores democráticos para justificar sus recortes, crean leyes terríficas para que no salgamos a la calle, no les critiquemos, no les abucheemos… Estén ustedes a la altura, comprométanse con mejorar el presente de los españoles, no nos pidan sacrificios mortales. No se obsesionen ustedes con la deuda, y una austeridad que ni merecemos ni nos ayuda.

Los ciudadanos somos la garantía más verdadera de una democracia real, nuestra voz debe oírse, debe estar siempre presente. Y cuando nos manifestamos democráticamente, ustedes nos atemorizan con sus porras y sus nuevas leyes manifestación-prisión para que nos sumemos a esa cómoda ‘mayoría silenciosa’ y nos quedemos en casa, donde la acumulación de facturas nos impide hasta abrir la puerta.

Señor Presidente, señores Ministros, señores miembros de las fuerzas del orden, un golpe en la cabeza me mato el 25 de Septiembre de 2012 cuando me manifestaba pacíficamente contra sus medidas de austeridad. ¡Plaf! una vida esfumada, cortada de raíz, mi vida. Seguro que a ustedes no les importa mucho y les echaran la culpa a los manifestantes ‘por provocar’.

Deberían haber pensado antes que sus decisiones, sus recortes y sus actitudes tienen consecuencias para personas reales. Ya es demasiado tarde. Ya no respiro… Ya no veré mis sueños cumplirse. Estoy muerta; pero viva debiera estar, al menos para ver como acaba este odioso torbellino en el que nos han metido, y para expresarme porque quien piensa y se expresa, existe; aunque ustedes no escuchen… nosotros, los ciudadanos, pensamos y nos expresamos, y existimos.

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Contexto: Manifestación anti-austeridad en Madrid el 25 de septiembre de 2012

Ver aquí imágenes de la carga policial contra los manifestantes:

Ver otro video aqui:

http://elpais.com/politica/2012/09/26/actualidad/1348687650_075542.html

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